lunes, octubre 15

Symns

Hace un mes tipié estos párrafos. Quería escribir sobre Enrique Symns, que vendría a ser una de mis Identificaciones Imaginarias graves. Me debe haber pegado tan duro que casi no lo hablé con nadie. Compraba la "Cerdos y Peces", la esperaba cada mes desde que empezó a salir de nuevo, circa 1996, y después buscaba los números viejos de la primera época, en los puestos del Parque Rivadavia. Las noticias atrasadas sobre el under porteño, la pelea con los Redonditos de Ricota, la mezcla de utopismo post-hippie post-punk, su apología de un reviente con el que me veo fantaseando, como colegiala en trance (las odas a la reina blanca, la maldición inca y la música para pastillas, que sigo sin probar), y esa sensación de no estar ni rozando una experiencia que sin embargo no podía sacarme de la cabeza. Ir a ver "El cabaret poético" de Tom Lupo, en El Mirador de Parque Lezama, y verlo aparecer a Symns, en plan monologuista, como en las grabaciones piratas de los primeros shows de Patricio Rey. Descubrir a Burroughs, Bukowsky, los beats. Leer los mejores insultos jamás escritos a Sábato, el alfosinismo, los militares, el mundo en general, Argentina, en particular. Descubrir los fanzines de la feria anarquista de Congreso, hacerme amigo de los punks de mi colegio. Probar marihuana y correr a esconderme al fondo de la carpa, presa del pánico. Repetirlo varios días, hasta cambiar de enfoque y dejarlo un tiempo. Volver a probar, y otra vez el pánico (en esa época tomé Rivotril, idea de un psiquiatra).
El libro de Symns se llama "Invitación al abismo" y recopila editoriales y notas de la revista. Lo tengo gastado, a punto de desmembrarse. Hay páginas que leí varias veces por año, muchos años. Esta es una de ellas.

"ARDE TU VIDA

Será un día como éste, que parecen los gritos de niños felices saliendo del colegio los cantos de los chacales al amanecer.
De una vez por todas vendrá en el ascensor la noticia que dará un lengüetazo en tu puerta.
Cada uno se irá yendo a su manera, escabuyéndose el que tiene deudas y no quiere dar explicaciones, obligándonos a visituar su cama el que nos quiere cobrar; llorando el que nunca tuvo ganas de estar pero ahora no tiene ganas de irse; roto el que se te cayó de las manos.
No será tan malo cuando los gusanos se coman mi sexo y nadie se ponga celoso. Cuando las cenizas del cerebro se deshagan y nuestras palabras sean olvidadas para siempre. Cuando las manos que acariciaron mis rasgos deshechos se laven de mis fantasmas.
¿Quién, cómo, dónde estuvieron conmigo, si estuve siempre aguantando la respiración para no ahogarme? ¿Qué fue ser feliz sino librarnos los unos de los otros?
Casi todo fue un gran esfuerzo. Poner corbatas sobre las verrugas.
Soy un ciego, condúceme como un cisne. Los ojos son este pozo de todos. Los puentes. Tráeme los aviones, las callecitas desconocidas que me conceden el olvido; hazme llorar en un ferryboat. Una carta desde Lisboa. Los puentes, por favor, los puentes. Y aquel diario en Praga. Una hermosa cita: encontrarnos sin saberlo, una cita fantasma.
El sol concentra la potencia de su ardor en el punto más apasionante de nuestra vida y desde allí nos incendia. Te sucederá como a todos los soles: nunca se apagan como dóciles cigarrillos en el cenicero, estallan como dinamita. Esa dinamita es el fuego que nos quema, que espanta a los vampiros del tiempo. Las llamas del fuego son tormentas iluminando la noche de tu Dolor. Porque duelen esas penumbras que nos ditancian. ¿Qué veo de ti sino la estela de tus actos, y qué recojo de tus actos sino la cenizas de tu presencia?
Nunca fue luz, sino fuego. Se queman las pesadillas que los argumentos de los guionistas escribieron con sangre sobre la piel de tus sueños. Se queman los teatros con sus calles y cocinas, sus muebles de utilería, sus paredes de decorado; se queman los aparatos del sonidista, las filmadoras colocadas en los ojos de la luz para fotografiar el horror del abismo, los micrófonos escondidos en el corazón del universo para transmitir a todos los hogares del mundo las agonías del misterio.
Apaga las transmisiones. Vístete y sal. Arroja las llaves y sigue.
Caminemos juntos por el fuego de los últimos días. El pozo de los ojos se ha secado y los dioses cansados nos abandonan. Caminemos o corramos por sobre las colinas de esa risa que se hunde en el infierno."

2 comentarios:

luisa fernanda lindo dijo...

carlitos, lamento contarte que enrique estaba por irse a brasil (si es que aún no se fue), yo creo que mejor le iría en bolivia... cualquier cosa contáctate con la producción de gillespie y quién sabe, quizá por ahí se te cumpla un sueño, ja!

salud!

charly.gr dijo...

ah, gracias por el dato, ojalá le vaya bien, le guardo cariño, capaz se entendió mal, no es que quiera conocerlo, una vez charlé con él en El Británico, las identificaciones son complicadas, capaz era una manera de sacarmelo de la cabeza, le voy a dedicar más posts, saludo Luisa