lunes, abril 4

Hoy estaba leyendo el archivo de publicaciones del Centro de Arte y Comunicación, el CAyC, que dirigía Jorge Glusberg en los '70 en Buenos Aires. En un momento, llegué a un documento de un tal Agustín Merello titulado "Prospectiva". Merello era el director de un área con ese mismo nombre. Su misión era el "estudio interdisciplinario, tendiente a la previsión del futuro latinoamericano independiente de los futuros que proponen (e imponen otros) los países considerados hoy desarrollados". Y hablaba de "técnicas de previsión y anticipación de acontecimientos". Eran métodos para hacer predicciones, anticipar el futuro. Con su grupo habían armado una cronología del futuro de América Latina, año por año. Corría 1973. Y entre sus hipótesis había visiones como: "1982. La CGT Latinoamericana se convierte en el movimiento obrero organizado más poderoso del mundo".

sábado, abril 2

Ah, sí

"(A propósito, por una curiosa coincidencia, Negroponte terminó de escribir Ser digital en su casa de la Isla de Patmos, en Grecia, donde San Juan escribió el Apocalipsis)".

Horacio Reggini. El futuro no es más lo que era. La tecnología y la gente en tiempos de Internet. 

martes, noviembre 5

Voy a escribir una novela sobre un tipo que una vez cuando era chico ganó una aventura gráfica en una Commodore 64, y después nunca más ganó nada en su vida, hasta que se le ocurrió que podía escribir un cuento con esa historia, entonces fue a escribirlo en su estado de Facebook y cuando terminó sintió que había perdido la gracia y pensó que debería escribir algo al respecto, un ensayo o un post, no sabía, pero le siguió dando vueltas. Nunca lo supo.

lunes, junio 10

"Para los marxistas la realidad significa algo distinto: es la realidad más el futuro contenido en ella. El marxismo se prueba en el proceso de hacer posibles los cambios concretos aún pendientes: todavía hay cantidades inabaracables de sueños sin usar, de materiales históricos por aprehender, de porciones del mundo sin vender. Aquéllos que han enseñado a través de la poesía raras veces han hallado temas más excelentes que nuestro mundo de avanzar venturoso y latente esperar- la más real de las cosas que existen". Ernst Bloch, "Marxismo y poesía"
"El interés por el arte era uno de sus rasgos hereditarios, y sus ojos negros como el carbón, y curiosamente sin fondo y astutos, mostraban una expresión de tristeza como nunca la había visto en otro hombre".  Ernst Bloch sobre T.W. Adorno, en una entrevista en 1974.

lunes, abril 15

Do your remember, Toto?


"La Juventud Peronista en el techo de la Catedral Metropolitana" (1973) - Autor: Luis Pazos (via UNLP)

domingo, abril 14


AERGYS___rePIGS
================================================================= ______*LOS ARGENTINOS DESPRECIAN A LOS HONESTOS*_______ ___ELIGEN A LOS CORRUPTOS .. Y A GUERRILLEROS QUE PUSIERON BOMBAS* _________________________________________________________________ __*MERECIDO TIENEN CAER DE RODILLAS ANTE LA MONTONERA*__ _________________________________________________________________ _____LO QUE SEMBRARON , VAN A COSECHAR , Y EN ABUNDANCIA___ =================================================================

jueves, abril 4

Hoy pensé que el último libro que le regalé a mi viejo fue "Hay que matar" de Andrés Rivera. Y la última película que vimos juntos fue un VHS que alquilé: "Extraños en el paraíso" de Jim Jarmusch. Esos títulos me hicieron pensar en la relación que teníamos. Y me dieron ganas de mandarle un abrazo, dondé sea que esté. 

Hoy iba por la calle y vi "FE" escrito en un cartel en la calle. Tardé 10 segundos en darme cuenta de que no era una sigla. Era un aviso del Momo Venegas.

lunes, abril 1



Cuando todos se vayan

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.

Jorge Teilllier

martes, marzo 26

especialista en el spam

"La escritura en las redes se pierde en una maraña de mensajes, saludos, imágenes olvidables y demás basura flotante que prolifera en la Web - analiza Gradin, especialista en el spam y sus posibilidades-. En las redes, en medio de las oleadas de ruido, todo el tiempo surgen pequeños hallazgos de escritura. Sobre todo si tenés en tu lista de contactos amigos escritores y poetas. ¿Es una nueva forma de poesía? Quizá. Una forma tan fugaz como la charla de bar. Sí, una especie de borrador a la vista, de performance de escritura."

martes, marzo 19

¿Rejas?

(una versión resumida de esta nota fue publicada en Sur Capitalino, marzo de 2013)

Cada vez hay más rejas en las plazas. Cercos de contención que las rodean y obligan a caminar decenas de metros hasta encontrar la puerta de entrada. Esta es una experiencia nueva. Para los chicos y chicas que empezamos a ir a la plaza a principios de los años ‘80 en Buenos Aires, la idea de caminar hasta una puerta de entrada era algo sin mucho sentido. Una plaza era un lugar al que se podía entrar corriendo desde cualquier lado. Y para salir, lo mismo.
Después crecimos. Casi sin interrupción volvimos a las plazas, ahora con amigos nuevos. Y lo que entonces hubiera sido inconcebible es que las plazas tengan horarios. Las plazas, en los lejanos años ‘90, no sólo no tenían rejas ¡tampoco cerraban! Quizás por eso mismo íbamos a las plazas. A buscar un lugar donde pudiéramos estar tranquilos. Donde pudiéramos entrar sin pedir permiso y quedarnos sin que nos cobren, nos vigilen o nos regulen el tiempo. Lo más lejos posible del colegio o el trabajo. Las plazas eran -y son-, en definitiva, pausas o zonas liberadas en la trama de negocios y obligaciones que saturan la ciudad.
¿Para qué sirven las rejas? Se da por sabido. Sirven para cuidar los espacios. Evitan el vandalismo. Mantienen limpio el pasto. Son aspiraciones a las que es difícil oponerse. De hecho, las rejas proliferaron en los últimos años sin mayores resistencias. Fueron impulsadas por el Gobierno de la Ciudad, como si respondieran a una demanda implícita de orden y seguridad. Y la ciudad pareció acostumbrarse a ellas. Desde entonces, las rejas  inauguraron un virtual toque de queda. Por las noches la ciudad queda cada vez más desprovista de plazas. Se las desaloja al caer el sol como si se convirtieran en parajes inhóspitos de los que fuera necesario protegerse. Y las rejas se siguen instalando, aunque jamás se intente especificar a quiénes están destinadas o por qué son el único recurso para luchar contra esos vándalos y su -más que curiosa- afición por destruir o ensuciar.
Ahora, salir del trabajo o el hogar equivale a ir a lugares rodeados de rejas- o barrotes. En los areneros los chicos juegan en espacios enrejados, rodeados a su vez de rejas más grandes. Debe haber pocas cosas más frustrantes que pretender atravesar una plaza y descubrir que la puerta de ingreso está rota y clausurada, por lo que es preciso hacer un rodeo para entrar. Y, una vez adentro, esperar que ese día los encargados de cuidarla hayan decidido abrir todas las entradas para que podamos salir sin hacer otro desvío.  
Sobre todo, las rejas se vuelven absurdas al pasear por Buenos Aires una noche de verano. Al caminar, por ejemplo, por la vereda de Plaza Almagro para encontrarnos ante un predio lleno de bancos y mesas vacíos a los que no podemos acceder. Antes de las rejas, las plazas representaban una porción de la ciudad -la última, quizás- disponible todo el tiempo para todas las personas. En una ciudad cada vez más privatizada, las rejas nos obligan a renunciar de antemano a la posibilidad de pensar el sentido de los espacios públicos.
No se trata sólo de esa escena: parados en la vereda, agobiados por el calor, del otro lado de una reja que nos impide sentarnos en los bancos, acercarnos a los árboles. La Plaza Almagro cerrada obliga a quedarse en la calle o pagar por un lugar en la mesa de un bar. Pero las plazas de noche también fueron espacios de reunión en 2001, cuando las asambleas de vecinos empezaron a juntarse tras las caída del gobierno de la Alianza. Muchas de ellas empezaron convocándose en plazas de la ciudad. Resulta ridículo imaginarlas ahora teniendo que sortear las rejas, pidiendo permiso a los ordenanzas para extender su horario de funcionamiento.
Las rejas fueron aceptadas casi sin debate. Pero debe haber pocos urbanistas o arquitectos que consideren que aportan una solución interesante a los problemas suscitados por plazas y parques. Y sin embargo, las rejas prosperaron como una respuesta necesaria y casi impostergable. Ni siquiera se ofrecen como un mal menor, o transitorio, al que hubiera que recurrir como úlitmo recurso. Las rejas se promueven como un gran adelanto. Lo mejor que podía pasar, pareciera, era que se le agregaran nuevos perímetros y restricciones a la ciudad. Y si las cárceles son, para ciertos discursos, una “solución” para el problema del delito, también las rejas aparecen como lo contrario de un problema. Son cualquier cosa menos un obstáculo o una cuenta pendiente. Deberíamos estar contentos de tenerlas.
Sin embargo, en los últimos días una asamblea de vecinos del Parque Centenario realizó una protesta para rechazar su enrejamiento. El hecho muestra que tal vez el consenso sobre las bondades de las cercos no sea tan absoluto. Y que quizás exista la necesidad de discutir otros modos de cuidar y organizar los espacios.
Porque, en definitiva, ¿a quién se excluye de las plazas? Nunca dicho abiertamente, las rejas acaban por echar a quienes no tienen o encuentran otro lugar adónde ir.  A aquellos para los que el espacio público significa algo más que un lugar limpio y ordenado. Vendedores ambulantes. Feriantes. Gente sin techo. Chicos y chicas, en general, siempre sospechados de algo. Las rejas tienen destinatarios precisos pero a la vez silenciados. Las rejas en las plazas son mensajes de advertencia, llamados al orden, señales habituales para delimitar la propiedad privada. Mucho más repudiables, en tanto que ni siquiera se animan a admitir sus verdaderas intenciones. ¿Son la mejor solución para las plazas? ¿Son el mensaje que queremos transmitir? ¿Tenemos que estar orgullosos de nuestras rejas? Un debate amplio sobre el espacio público es una cuenta pendiente para la ciudad -cuyos barrios no casualmente se agrupan en “comunas”-.
Y si ese debate, finalmente, se diera, surgirían, probablemente, muchas voces a las que todavía nadie quiso prestar oídos. Mi amiga Violeta Percia lo expresaba mejor que nadie en Facebook, hace unos días, a raíz de las noticias sobre la represión en el Parque: “En los '90 me gustaba una canción que decía "las rejas y los palos, armas del Estado", y también una que decía "¿querés ser policía?, ¡Yo no!". Cuando salía a la noche tenía más miedo de cruzarme un patrullero que una banda de pibes en la vereda. Me gustaba más quedarme en plazas o caminar por la ciudad que ir a bailar a un boliche. Tengo más risas con amigos en mi corazón -de amigos de hoy y de ayer- brotadas de esos paseos nocturnos -sin cámaras ni rejas- en la extensión de lo abierto, que las que tengo de todos los antros de dance por los que estuve”.
En estos días siguen adelante las obras para el enrejamiento del Parque Centenario. El enrejamiento de un Parque que ya tiene rejas. ¿Será eso lo que tenemos en mente cuando pensamos en espacios públicos abiertos, libres y disponibles para todos?

miércoles, febrero 13

"De la misma forma, la memoria, otra facultad, duerme en la biblioteca, en el museo, en el lenguaje, escrito o hablado, como bajo la pantalla de un ordenador, pero también en los desiertos y en los casquetes polares, bancos inmensos de calor y de frío; el recuerdo se despierta y alumbra, a la luz de la vela como al paso de la corriente, cuyo vigor reanima el olvido, pero también al soplo de los vientos cálidos que hacen volver a la existencia a una corriente como el Niño, desaparecida desde hace lustros; la imaginación llamea, se apaga, se agota en las páginas o las pantallas... grita la estridente flauta de Pan, canta el clarinete, llora la cantarela y solloza el fagot, sensibilidad de metal, de cuerda y de madera, alzaos tormentas que hacés gemir a los árboles... No, no somos tan excepcionales". 

de Michel Serres, Atlas

jueves, noviembre 8

The internet considered as a fifth dimension, that of memory

"Proust escribía desde y hacia la red de referencias, hacia esa serie de ensoñaciones híper-específicas pero compuestas de referencias exclusivamente suyas. El esfuerzo sobrehumano de su escritura es devolverlas a la vida para aquéllos de nosotros que no las vivimos, explicándolas e iluminándolas de manera brillante y hermosa. Pero todo ello se dirige hacia el fin del recuerdo que ahora todos nosotros experimentamos todo el tiempo, esa sensación de estar en medio de algo increíblmente importante, si tan sólo pudiéramos aprehenderlo, o recordarlo. Pero aquello que pensamos que tal vez nos gustaría aprehender ya se nos escapa, retrocediendo y convirtiéndose en nuestra memoria.

Debemos meternos en la red porque no podemos meternos en el espacio. Hace cuatro mil quinientos años empezamos a colonizar el espacio, y hace cien años aprendimos a colonizar el tiempo, pero todavía no sabemos hacer lo mismo con la memoria o la experiencia. Y eso es la red".


domingo, noviembre 4


Carlos Gradin le gusta un artículo.
jueves
o sea, si el gobierno llegara a ponerse fascista en serio llegaríamos a vivir en el fascismo, y si llegáramos a vivir en el fascismo estaríamos viviendo en el fascismo, y pareciera que eso es lo que quieren los kirchneristas: vivir en el fascismo, y si llegáramos a vivir en el fascismo los kirchneristas estarían muy contentos, y si los kirchneristas un día llegaran a ponerse contentos ahí si no quedaría ninguna salida, y sería demasiado tarde, porque si hay algo malo que podría llegar a ocurrir eventualmente un día es que se hicieran realidad los sueños del kirchnerismo, y si se hicieran realidad los sueños del kirchnerismo todos viviríamos en el fascismo, y si le preguntan a Levinas si los kirchneristas sueñan con el fascismo Levinas respondería: sí, los kirchneristas sueñan con el fascismo, y agregaría: si un día se hicieran realidad los sueños de los kirchneristas, ese día viviríamos todos en el fascismo, y si viviéramos en el fascismos viviríamos en el fascismo, y los kirchneristas seguirían soñando y soñarían cosas más terribles y si un día se hicieran realidad los sueños de los kirchneristas, ya no sólo viviríamos en el fascismo, seguiríamos soñando y soñaríamos los sueños de los kirchneristas, y el fascismo sería un buen recuerdo, un oasis comparado con el mundo en el que llegaríamos a vivir si un día se hicieran realidad los sueños que soñarían los kirchneristas cuando un dís se pusieran a soñar con el fascismo mucho tiempo después de que todos viviéramos ya en el fascismo y ese ya sería un mundo totalmente distinto donde todos soñaríamos con fascistas eléctricos y kirchneristas pos-fascistas y periodistas felices y trotskistas pos-peronistas y cosas así, pero eso sería soñar demasiado y en el fondo los kirchneristas nunca se van a animar a tanto y vamos seguir así sumidos en el fascismo mediocre de un país periférico y gris y mediopelo. Igual buena, La Nación.
www.lanacion.com.ar
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domingo, octubre 21


  • ‎"Por Merlina Meiler, coaching emocional (certificada por Joseph O’Connor y miembro de la International Coaching Community) y autora del blog Mejora emocional. Tiene un master en PNL (Programación Neuro Lingüística) y cuenta con formación en neurosemántica, técnicas avanzadas de persuasión, dinámica de grupos y técnicas ericksonianas."

    Y vos, ¿tendrías sexo en una primera cita? ¡Contános tu experiencia!
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martes, octubre 16

Do you remember, Toto?


"En Argentina, esta serie apareció durante la última dictadura militar (1976-1983), cuando fue censurada porque algunos de los temas que trataba ofendieron a la Iglesia Católica."

vuelven los blogs!

"Creo en la autoayuda. Creo en la interconciencia, en la telepatía y el animismo de los muebles y de todas las cosas de una casa. Veo Tumblr, veo la tumba de las sensaciones. Veo El Libro de los Pasajes de Tumblr."

(via Adios al Facebook, compañera Flor) 

sábado, octubre 13

Para llegar al ph de mis amigos en la calle Maza hay que pasar por la entrada de un garage. En una de las paredes, instalado en un nicho, sentado en la postura de flor de loto hay un Buda. No es de piedra, parece hecho de cemento pintado. Dorado, como todos los budas mira al frente con los párpados bajos y tiene las manos apoyadas en la falda. En las palmas ahuecadas alguien le había dejado unas hojas verdes hoy cuando pasé, por lo que su expresión siempre inasible parecía transmitir agradecimiento.
Hace mucho que paso por esta entrada pero recién lo vi hace unos días, disimulado entre en las sombras.
Y hoy mientras miraba de nuevo la estatua pensé en las grutas del Puente del Inca en Mendoza. En las celdas que construyeron hace muchos años, talladas en la piedra de la montaña para albergar a los visitantes que desearan recurrir a los poderes medicinales del agua del río que cruza el Puente. La entrada del garage encomendada desde lejos al Buda cobra un aire a templo excavado, como si las rampas por las que suben al primer piso los autos, o bajan al subsuelo, fueran pasillos que conducirían a los visitantes a las cámaras interiores, para llegar a las cuáles fuera un hábito detenerse unos segundos frente a la imagen antes de seguir camino. 
Pero sobre todo pense en E.T. En un viejo juego de Atari, la consola a la que jugábamos con mis amigos cuando éramos chicos en los '80. En realidad, nunca pudimos jugarlo. Nunca llegamos a entender qué teníamos que hacer, cuál era nuestra misión, el motivo por el cuál al introducir el cartucho en la máquina y apretar la tecla de encendido nos quedábmos frente a un monigote de píxeles que representaban al extraterrestre y al que podíamos manejar con nuestro joystick. Pero aunque lo hacíamos caminar por las interminables pantallas del juego, y visitar los escenarios despojados y minimalistas, las habitaciones vacías, la infinita desolación de un mundo en el que, increíblemente, no parecía existir otra forma de vida más que nosotros, nunca logramos extraer ningún sentido de ese penoso deambular. A veces ocurría un milagro y en medio de la nada surgía una flor sobre la que inmediatamente hacíamos avanzar a nuestro personaje hasta ponerlo a su lado, para apretar el botón del joystick con la secreta esperanza de que algún mecanismo se activara y finalmente las conexiones invisibles que ordenaban el funcionamiento del juego pusieran en marcha ese mundo inherte. Tal vez la flor fuera la encargada de romper el hechizo. Tal vez lo conseguiríamos si realizábamos cierta combinación de movimientos y botones. Pero si esa combinación existía, nunca la encontramos. 
Es muy difícil contemplar al Buda del garage. Los breves lapsos de silencio que permiten acercarse a él se ven interrumpidos por los autos que suben y bajan de las rampas. Mientras me detenía en los rasgos apacibles de su sonrisa, sonaba una y otra vez la chicharra que alertaba sobre la salida de otro auto y, básicamente, advertía que lo mejor era mantenerse lejos de la entrada, la estatua y todo pensamiento que nos impidiera seguir con atención el ritmo del tráfico. 
Mientras me iba me acordé de las leyendas que se cuentan en la web sobre aquél juego de E.T. Dicen que marcó el inicio de la decadencia del imperio ATARI en la industria de los videojuegos. Su programador recibió una pequeña fortuna por haberlo terminado él solo en tiempo récord antes de la Navidad. Pero la confusión y el desecanto cundieron entre los niños. Millones de copias fueron vendidas, pero muchas más acabaron acumuladas en los depósitos de la empresa. Dicen que varios containers de cartuchos fueron enterrados en el desierto de Arizona años después, mientras la empresa intentaba sin éxito relanzar el negocio. 

miércoles, octubre 10


Hoy me vine a regar las plantas a la terraza de unos amigos. Se fueron a San Pablo, a la Bienal. Y me parece que me voy a quedar a dormir en su ph al fondo de Almagro-Caballito, cerca de Las Violetas. Hay una biblioteca llena de libros de arte que hace mucho tenía ganas de hojear, y apenas llegué abrí un libro de fotos de una editorial neoyorquina de 1960, y seguí el hilo de las estrellas de cine antologadas bajo el leit-motiv de las vampiresas. Una colección de divas de la era dorada de Hollywood, de Theda Bara a Marylin Monroe, un muestrario de primeros planos que en realidad no es un homenaje, ahora que lo pienso, ni una colección de grandes hitos de la belleza, porque eso sería como decir que las fotos -sus miradas enormes y desafiantes, los vestidos de fantasía, su aire de última gala antes de la catástrofe- provienen de un tiempo ya superado, a la manera en que los tomos de Taschen fueron parcelando la historia del arte y la herencia visual de la humanidad. Pero este álbum es más relajado. Es un saludo amistoso, apenas burlón. Mezcla fotos de mujeres fatales y caricaturas de hombres embobados, zonzos de sombrero y nariz enrojecida que se se deprimen aferrados a una botella de whisky, perdidos en la niebla a los pies de las actrices. Y a Marylin se la ve espléndida en las fotos en las que iba a pasar a la posteridad. No es un monumento o una recopilación de grandes éxitos. No es una muestra reunida en un museo de arte contemporáneo ni un archivo gestionado por un curador especialista en iconografía popular. Hay nostalgia, sí, pero es el primer año de la década de 1960, en el inicio de años prolíficos en tragedias y leyendas, y el libro trasunta un aura angelical, cierta paz y hasta confianza en la certeza de que el tiempo seguirá su marcha, y tal vez haya dificultades, turbulencias y momentos difíciles, pero estamos, de todos modos, impulsados por brisas favorables, y aunque el mundo cambie -y las mismas fotos dan testimonio de que cambiará abarcando desde las primeras y pálidas protagonistas del cine mudo hasta las pulposas chicas pin-up de los '50-, de todos modos hay algo indudable, y es que más allá podemos entrever una misma senda por recorrer al amparo de la industria, el capitalismo, Hollywood, la televisión, los sueños de un mundo mejor. Esa misma tranquilidad que desprendía la canción al final de Dr. Strangelove mientras la bomba atómica detonaba lentamente sobre Washington y entre las nubes de polvo y humo la película terminaba con el estribillo: "We'll meet again/ some sunny day/ don't know where/ Don't know when".

(to be continued...)

domingo, octubre 7

Hace unos días conocí a un hombre que me contó que su papá quiso bautizarlo Perón, de nombre. Pero no lo dejaron. Estaba en los molinetes del subte en 9 de julio cuando los empujé y lo vi tanteándolos del otro lado con un bastón. Era un señor mayor, ciego, vestido con un saco gris al que me acerqué a preguntarle si necesitaba ayuda. Me dijo que iba a tomar la línea C, así que enfilamos para ese lado y mientras caminábamos -y yo pensaba si lo iba a acompañar hasta el final de la hilera de túneles que teníamos a atravesar- le pregunté adónde iba. Iba a Banfield y hubiera tomado el colectivo pero estaba lloviendo. Cada vez que hablaba se reía un poco, y cuando cruzábamos el primer andén para llegar al acceso a la C, me hizo un chiste muy inocente sobre la estación, a la que no pensaba volver hasta el año que viene, el 9 de julio. Terminamos hablando del feriado del lunes y como no sabíamos qué se conmemoraba me dijo que el cumpleaños de Perón. El 8 de octubre. También era un chiste y se río. Le pregunté si era peronista. Yo no, mi papá, dijo. Y me habló de su bautismo fallido. Y de su hermana a la que sí habían podido inscribir como Evita, en diminutivo, aunque hubo que hacer un juicio justo en los días en que Eva Duarte moría, en el '52. El tema salió en los diarios, parece. Él había nacido en el '45, el 16 de octubre, el día en que la policía levantó los puentes para que no cruzaran los trabajadores del Sur que querían marchar a Plaza de Mayo para apoyar a Perón. Su papá estaba con el General ese día porque era de la guardia personal; trabajó con él hasta el '55. Ya habíamos llegado al andén de la C cuando llegaba un subte. Me aseguré que fuera la dirección a Retiro, adonde iba, y nos despedímos entre la gente agolpada frente a la puerta. Mientras se perdía en la muchedumbre le pregunté cómo se llamaba. No Perón, me dijo, Guillermo, y se rió de nuevo. Me volví pensando en las casualidades. Y ahora que lo escribo me acuerdo de Burroughs, cuando decía que a pesar de lo que indica el sentido común, la mejor manera de conocer a alguien no es escuchándolo sino hablándole.